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A un año de la gloria eterna

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campeón de américa

Un 5 de agosto, pero del 2015, River se alzaba con la Copa Libertadores luego de 19 años. La reconquista de América se hacía realidad, con un equipo inolvidable y un técnico que le devolvió la alegría a todo el pueblo riverplatense. 

Un recuerdo inolvidable

Bajo una estruendosa e incesante lluvia, el grito de miles y miles de almas Millonarias se hacía oír. Por fin, River había vuelto a la historia grande de América. Esa que tanto anhelaba, esa que tanto deseaba. Luego de 19 años, frente a su gente y obedeciendo a la historia, la Copa Libertadores se teñía de rojo y blanco por tercera vez en más de 115 años de historia.

Atrás quedó esa irregular fase de grupos, esa infartante definición en Perú entre Juan Aurich y Tigres para lograr el último lugar en la fase final. Atrás quedó esa nueva eliminación, la segunda en seis meses. Y tal vez, la más dolorosa para ellos luego de un vergonzoso acto de cobardía. Atrás quedó la inolvidable remontada en Brasil y la tremenda definición en Asunción. River se hizo fuerte, creció ante cada adversidad y se convirtió en un verdadero equipo.

Barovero; Mayada, Maidana, Funes Mori, Vangioni; Sánchez, Ponzio, Kraneviter, Bertolo; Alario y Cavenaghi. Así formó River en su noche consagratoria.

Y así, llegó el momento más esperado. En el Monumental y con un recibimiento de película, River se enfrentaba a Tigres, el mismo que le dio una mano en la fase de grupos. El nerviosismo llegaba al máximo, la impaciencia también. Bajo una lluvia torrencial, comenzó el camino hacia la gloria: Leonel Vangioni conectó un centro para Lucas Alario, que de cabeza ponía el 1 -0 antes del cierre del primer tiempo. La ilusión comenzaba a ser una realidad.

Ya en el segundo tiempo, un penal fabricado por Carlos Sánchez, le daba a River la oportunidad de ampliar la ventaja. El uruguayo, al igual que contra Orión, no perdonó. 2 – 0 y la Copa estaba más cerca que nunca. Pero faltaba un grito más: tras un centro de Pisculichi, Ramiro Funes Mori se elevó por encima de todos y conectó de cabeza para sellar su noche consagratoria.

De ahí en más, todo fue fiesta y alegría en Núñez. River era campeón de América, nuevamente, luego de 19 años. En el 96′, también con la lluvia de fondo, Enzo levantaba la copa ante un Monumental repleto. Esta vez, Barovero y Cavenaghi serían los encargados en una inolvidable y emocionante noche. Así, y frente a 70.000 almas envueltas por la euforia, River volvía a treparse a lo más alto del continente. De la mano de un equipo y un técnico, que con el correr de los años, quedarán inmortalizados en la historia grande del club.

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